miércoles, 20 de noviembre de 2013

Yo te ruego, hermano (Momento 3)

Páginas del libro a la deriva, 
que ahora recoge,
sobre la corriente del río
o sumergidas, emborronadas o claras:
la infancia pervertida,
la juventud traicionada,
la madurez fracasada,
la imposible vejez.

No quiere creer que el universo es bello,
lo vio en los ojos de un niño.
Ya no le importa lo que digas.
Aquel niño pervertido por los sacerdotes aún mira,
originario y puro, a su madre desnuda 
(rodeándola, las páginas empapadas 
de aquel libro).

Se propuso salvar al joven traicionado
por los hermanos mayores.
Maduro fracaso,
quiere beberte en la paz de este remanso
que ahora es todo el río.
(Se agita un pez (en lo profundo) y rompe
la fluida piel).

Ellos lo dejaron solo.
Estaban ocupados en el infierno de sus matrimonios,
en el hogar de sus triunfos cívicos, cultivando
rosas íntimas en sus invernaderos,
añorando sentimentalidades nuevas,
marcas registradas de un solo uso.

El mercado se extendió arrasando
la raíz de las malas hierbas, construyó
templos laicos al único dios, plutónico,
impuso su ritmo seco en el asfalto,
su color eléctrico y eternamente ebrio.
Y los amaneceres sucios
y los ocasos turbios
fueron paréntesis de una noche sin estrellas.

Aquello ocurrió cuando su generación,
perdida entre dos generaciones fuertes, sucumbía
entre los sueños posibles
de los vendedores de utopías
y los salvadores crueles.
Mientras vomitaba en las esquinas marcando territorios
o merodeaba alrededor de los palacios 
donde viejos camaradas
agonizan sin remordimientos 
y, al fin, se corrompían.
No les reprocha nada.

Fue su inabarcable angustia
su joven sed de muerte
aprendida en las blasfemias de los pupitres escolares,
cuando el maestro dogmatizaba recitando a Bécquer,
la que lo arrojo a los suburbios interiores.

Rimbaud nació para dar vida al niño
de ojos glaucos porque la alquimia 
de la palabras se había vuelto simulacro
y el poema, roto en ingeniosillos brillos,
moda,
y la lucha a muerte contra Dios quedó
en una movida de adolescentes heridos,
hijos de papá, burócratas en lugar de campesinos,
obreros satisfechos, 
masas en lugar de pueblos
dulces para los tiranos,

ahora el poeta maldito es funcionario 
y proclama una poesía a lo Verlaine,
débiles promesas revolucionarias
sopesadas por el bien decir de lo conveniente
  
¡para decirlo ha sobrevivido! 
¡Nada que no tenga arreglo!
¡No es preciso volver a los suburbios!
¡El infierno o ellos es 
la falsa esperanza de un falso cielo!
En las escamas del pez del sueño descubre un libro 
aún no escrito, un libro húmedo de letras emborronadas.
La poesía correcta, que cumple con su deber, 
no es toda la poesía. 
Frente a la guerra de camarillas propone
una guerra de guerrillas. 
No le digáis, por favor no le digáis, 
lo que la poesía debe ser.

Es el momento de la restitución, camaradas, 
paradoja de la imposible vejez.
Porque lo cierto es que estuvo condenado
y fue salvado sin permitírsele otro visado
que el amor.
Realmente vivío en el infierno 
(risitas de incrédulos acomodados
fumándose un puro a lo Fidel).

Se puso a la venta, pero
ellos buscaban candorosos soldados 
dispuestos a dar su vida por la causa
en las inocentes multitudes de aquel 
15 de mayo sin canciones
en el que volvió a las calles y a las plazas
un rimbaud converso y dialogante
que estudiaba con atención el fluir del río
...realismo social, novísimos, la otra sentimentalidad, poesía de la experiencia, realismo sucio, poesía de la conciencia...


...y se quejaba: tengo los pies fríos,
poco que comer... 

...mientras trataba de escribir 
el poema definitivo o callar para siempre,

pero, no tenía nada que decir sino que tengo
los pies fríos... sabiendo que es mucho más
que lo dicho,
pero sin pretenderlo,

porque lo que hay más allá de las palabras 
se encuentra en las palabras



(a pesar de los pies fríos (al pensar que sería 
((a pesar de su tiempo) más allá) 
lo que era (olvido))... y poco que comer.



La pregunta espera una respuesta.
Repetir lo que ya sabes para lograr tu asentimiento. 
Contradecirte y, así, prolongar el encuentro. 
(Bienaventurado olvido). 
Por supuesto... pero lo que quiere es sonreírte 
(con las palabras (ondas) sobre ondas) no puede si 
(olvido) no encuentra la cosa 
(las ondas (ese centro) sobre ondas), 
ni sabe qué ni cómo hacer para 
que sus palabras te besen sin halagarte, 
ni te ofendan porque niegue 
o sea hipercrítico y mordaz ((sin negarte) 
en la oscuridad) como ruiditos sobre el silencio 
(o rumorosos destellos)
(runrún)(cliclic)(parpadeantes fuegos 
en la noche de agónicos g(a)ritos)).


Paz, que es hermosa la vida aunque duela.
Sin importar demasiado tu olvido,
a pesar de tu insolente indiferencia
te incluye en el poema, 
no deja nada fuera, de lo que pueda ser o sea
raíz, eco o reflejo... de ti...

...y dame algo para comer y el frío,
por Dios, y sea la paz, hermano.